miércoles, 8 de julio de 2009

Libros: Analógico + Digital

Estamos acostumbrados a pensar en que la revolución digital entraña, inevitablemente, la sustitución de los soportes analógicos, del papel, por los soportes digitales, admitan bytes o tinta digital o lo que venga a continuación. Pero, ¿y si cupiera pensar en un movimiento inverso, en el que lo digital se integrara en lo analógico?

No pocos analistas han señalado, con razón, que hasta que no surja un soporte que aglutine todas las ventajas del papel y las supere ofreciendo más servicios, comodidades y ventajas, difícilmente cabría pensar en un mundo sin libros tal como los conocemos. Seguramente sea cierto. Pero, ¿y si fuera el libro en papel el que admitiera integrar en sus páginas de pasta química o triturada circuitos electrónicos que se activaran cuando el lector quisiera convocarlos?

Eso es lo que hace, exactamente, el blink, un ingenio presentado por Manolis Kelaidis en Royal College of Arts Summer Show 2006, hace ahora un año (y yo que creía que este Blog era rápido en sus descubrimientos). La ideas es elemental, brillante por eso mismo: convertir un libro en papel en un libro con circuitos electrónicos integrados y tecnología sin cables que agregue a sus múltiples virtudes la de la hiperconexión inalámbrica, de manera leyendo un párrafo cualquiera pueda convocar una página web donde ese contenido específico se amplíe o se actualice.


Esta tecnología es, obviamente, multipropósito, porque lo mismo serviría para la literatura profesional y científica, obligada a vincularse sucesivamente a contenidos pasados y contemporáneos, como para obras de ficción sobre las que se quisiera obtener información complementaria (una cartografía, una biografía del autor, lo que fuera), como para un libro de texto escolar.

Un libro sobre animales, sobre ciencias de la naturaleza o biología, podriá incorporar llamadas a archivos de sonido, a videos y cartografías, a conexiones en directo a webcams en las que pudieran observarse animales en su entorno habitual. Un diccionario o una enciclopedia podría incluir invocaciones a gosarios o términos externos, permanentemente actualizados con los últimos datos, evitando así su progresiva e ineludible caducidad; un término o un concepto en un artículo científico podría convocar un foro de discusión; un pentagrama dibujado en un libro de música, en una partitura, podría invitar a una filarmónica a reproducirlo privadamente; una novela podría acabar siendo leída por su autor, si es que la editorial hubiera convocado una lectura pública online para sus más acérrimos seguidores.

La convergencia entre lo analógico y lo digital parece, pues, imparable.

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La imparable convergencia entre lo analógico y lo digital

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